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INVESTIGACION
AÑO 1 - NUMERO 1 - OCTUBRE 2000
INVESTIGACIÓN

Los de afuera, los de adentro
Los de hoy y los de siempre

 
  Durante la dictadura la Comisaría Quinta de La Plata fue depósito de prisioneros y centro de torturas. Algunos vecinos no recuerdan, otros no pueden olvidarlo/ El 29 de enero, en un supuesto motín, cuatro jóvenes murieron en esta misma comisaría.
María preguntó con voz suficiente para que la oyera su vecina de cama:
- ¿Dónde estamos?
La voz grave y lúcida de la vecina le contestó: -En los profundos infiernos.

De Sólo vine a hablar por teléfono.
Gabriel García Márquez

 

 

La comisaría Quinta de La Plata, ubicada en una de las diagonales más transitadas de la ciudad (Diagonal 74 entre calle 24 y 63), fue un infierno para por lo menos 105 personas secuestradas ilegalmente, durante la dictadura militar que se instauró en nuestro país entre el 24 de marzo de 1976 y el lo de diciembre de 1983.
De estas personas detenidas ilegalmente: 63 permanecen desaparecidas, entre ellas varios menores de edad; 33 fueron liberadas luego de haber sido sometidas a distintos tipos de tortura física y psíquica y de 9, no existe información sobre su destino.
Las torturas iban desde golpes y picana hasta simulacros de fusilamiento, estaqueos y violaciones. No siempre el objetivo de los tormentos era la obtención de información sino doblegar emocionalmente al detenido (1).
En su testimonio, Hugo Fernández, ex detenido de La Quinta, dice: "me condujeron hasta un recinto amplio al que denominaban gimnasio donde un grupo de represores me atan a un elástico y me aplican picana eléctrica. Cabe destacar que no sabían manejar dicho elemento de tortura y que por la forma de comportarse no se trataba de verdaderos represores sino de policías Comunes" ,
La Quinta formó parte de lo que se conoce como el "Circuito Carrips"(2). Funcionó como depósito de los detenidos-desaparecidos y como centro de torturas y exterminio. En las oficinas de adelante, los mismos que custodiaban a los secuestrados, cumplían tareas administrativas y de atención al público.
Las condiciones de vida de los detenidos, entre ellos mujeres embarazadas, eran calamitosas. Comían cada dos o tres días algún caldo con papas y huesos, debían dormir sentados, sin abrigo ni colchones. Una vez por mes se les permitía bañarse bajo un chorro de agua helada y sin jabón.
Una de las personas que estuvieron detenidas allí declaró ante la Cámara Federal de La Plata que "en algunas ocasiones, dada la consistencia acuosa de las deposiciones, defecábamos sobre alguna prenda de vestir para evitar que las deyecciones inundaran el piso, sobre el que dormíamos con lo puesto...".

LOS VECINOS DE LA QUINTA
-¿Usted sabe que la Comisaría Quinta fue un centro clandestino de detención ?
-No, yo la conozco como la Comisaría Quinta.
- ¿Y la placa que está en la puerta recordando que allí se torturó gente?
-No me consta. No puedo decir una cosa, que es más, no he sentido comentario de los vecinos de que eso ha sucedido. No lo puedo decir con certeza.
El testimonio de don Antonio no escapa a lo que muchos vecinos dijeron a lo largo de las distintas entrevistas que se realizaron en el barrio. El olvido sistemático de personas que fueron protagonistas de esta época permitió lograr el objetivo de la dictadura: instalar el silencio.
La omisión de un barrio que convivió con un centro de tortura muestra a las claras que la dictadura no sólo dejó 30.000 desaparecidos, dejó un país devastado por la desmemoria y el olvido.
Sin embargo, algunos vecinos que aún recuerdan los tiros, los gritos, la música fuerte, preferirían poder olvidar. Otros como Celina, aunque evitan pasar por el frente de la comisaría, celebran la placa que recuerda lo que pasó: "Hay que ayudar a la memoria para que no se olvide. Los jóvenes tienen que recordar, no como en esa época que decíamos qué estará pasando...".
Al rememorar el período dictatorial se generan sentimientos ambiguos que van desde la sensación de protección hasta la de miedo. Carlos Locatelli, de 76 años, recuerda: nuca tuve problemas. Se vivía con seguridad, con la puerta abierta", mientras que Violeta Drago de Molina, de 65 años, cuya casa está a sólo una cuadra del anterior vecino aseguró: "Yo viví con mucho terror. Fue una zona donde hubo muchos chicos, ellos los llaman terroristas, yo no sé que eran, pensaban diferente, entonces los mataban".

EL FUSILAMIENTO
A Violeta no le quedan dudas de tas matanzas de aquellos años de horror, por eso aún tiene presentes los "tiroteos en los que mataban chicos y chicas en las paredes del Seminario" " Hoy, dice que se le hace la piel de gallina al recordar los zapatos tirados allí porque no habían hecho a tiempo a llevárselos.
Los tiroteos eran una situación frecuente en el barrio, pero tanto Violeta como Celina guardan en su memoria un hecho en especial: un fusilamiento. Sobre las paredes del Seminario Mayor, a dos cuadras de La Quinta, se conservan aún las huellas de lo ocurrido.
El testimonio de des curas que en ese momento eran seminaristas y continúan trabajando en ta ciudad de La Plata, confirma lo sucedido. Sus nombres por aquellos años integraron las listas negras que aparecieron en el Regimiento 7 de Infantería Mecanizada de La Plata junto al de otro seminarista, Leonardo Balderrain, sacerdote de una pequeña capilla en Parque Pereyra.
Tanto el padre Mario Ramírez, a cargo de la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, como el sacerdote Carlos Cajade, quien actualmente trabaja con chicos de la calle, y también las vecinas confirman que el fusilamiento se produjo en el invierno del 76 o 77.
"Sí, mataron a un montón de gente detrás de la iglesia. Hubo un fusilamiento, esa noche tuvimos terror. No me acuerdo la fecha, pero al otro día los seminaristas fueron a lavar las paredes que estaban llenas de sangre y todavía estaban las balas contra la iglesia", contó Carlos Cajade.
Por su parte, Mario Ramirez contó que "hubo un fusilamiento en el que unos patrulleros cercaron a unos muchachos, los pusieron contra la pared, los mataron y los dejaron ahí tirados. Al rato pasaron otros autos, los cargaron y se fueron".


"PERDIMOS TODO, ESA NOCHE ROMPIMOS TODO"
Otros hechos que han marcado la historia de estos dos curas están directamente vinculados a ellos. Una noche, personal de la policía y el Ejército entró por los techos del Seminario. "A la mayoría nos hicieron salir de las piezas al patio, iban armados y estaban apuntándonos", recuerda Mario.
Por su parte, Carlos Cajade contó que esa noche 'tomaron a tiros el Seminario Fue una cosa horrible porque corríamos y rompíamos los libros, todo aquello que podía nombrar algo de la dignidad humana. Perdimos todo, esa noche rompimos todo".
Durante aquel período, Mario Ramírez tuvo un contacto directo con la Comisaría Quinta. Un amigo suyo estaba preso por robo y cuando él entró a verlo "estaba muy golpeado" pero cuando dijo que "lo habían torturado" te contestaron: "Acá no se golpea a nadie, se habrá golpeado afuera".Frente a lo ocurrido durante la dictadura militar en nuestro país, Carlos Cajade reflexiona: "Muchos creían que no pasaba nada, algunos de inocentes. Yo mismo pensé que no era para tanto, habiendo estado del otro lado. Después, cuando se destapó la cacerola, uno descubre que había mucho más de lo que pensaba". En aquellos años de terror, miles de personas fueron secuestradas, torturadas, desaparecidas y exterminadas. Hoy, el silencio es cómplice de la pobreza. En este sentido, Mario Ramirez piensa que "en ese tiempo mataron a toda una generación de jóvenes que peleaban por un mundo de iguales, por una distribución de la riqueza a favor del pobre. Ahora están matando directamente al pobre, y en democracia. Si no hubiesen matado a todos esos jóvenes hoy no podría haber esta pobreza; se mataron los ideales y hoy se mata al pobre directamente o de hambre o de exclusión".
Frente a lo ocurrido durante la dictadura militar en nuestro país, Carlos Cajade reflexiona: "Muchos creían que no pasaba nada, algunos de inocentes. Yo mismo pensé que no era para tanto, habiendo estado del otro lado. Después, cuando se destapó la cacerola, uno descubre que había mucho más de lo que pensaba".
En aquellos años de terror, miles de personas fueron secuestradas, torturadas, desaparecidas y exterminadas. Hoy, el silencio es cómplice de la pobreza. En este sentido, Mario Ramirez piensa que "en ese tiempo mataron a toda una generación de jóvenes que peleaban por un mundo de iguales, por una distribución de la riqueza a favor del pobre. Ahora están matando directamente al pobre, y en democracia. Si no hubiesen matado a todos esos jóvenes hoy no podría haber esta pobreza; se mataron los ideales y hoy se mata al pobre directamente o de hambre o de exclusión".

POCO HA CAMBIADO...
El perfil que forjó Ramón Camps en la policía bonaerense en los años 70 se traduce hoy en el "gatillo fácil". la picana y abuso del poder como sistema.
En la madrugada del 29 de enero de este año, la Comisaría Quinta volvió ser protagonista de la violencia. En circunstancias que aún no han sido esclarecidas, un incendio en la zona de los calabozos de la seccional acabó con la vida de cuatro de los nueve presos alojados allí.
En el recinto fueron hallados sin vida Marcelo González, Ramón Navarro y Juan Manuel Juárez. Por otra parte, Marcelo Barrientos murió después de tres semanas de agonía en el Hospital San Juan de Dios de La Plata. Seis presos que sobrevivieron son testigos de lo sucedido.
Según la versión que difundió el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, en ese momento encabezado por el ex carapintada Aldo Rico, el hecho tuvo como origen un intento de fuga. Por el contrario, según los familiares la quema de colchones fue la reacción a los malos tratos y golpes que los detenidos habrían recibido horas antes, de parte de efectivos.
Lo cierto es que los cuatro presos murieron porque la policía bonaerense demoró una hora y media en socorrerlos. Los uniformados dijeron que no entraron a los calabozos porque habían recibido orden de la instructora judicial, Graciela Méndez, de no actuar hasta que llegara el fiscal adjunto, Carlos Bercellone. Con respecto a este punto Bercellone, adujo que cuando hay vidas en riesgo "la policía tiene la facultad y la obligación de actuar".
Toda persona privada de su libertad, tiene derecho a vivir en condiciones compatibles con su dignidad personal. Lo Ocurrido el 29 de enero pasado viola, una vez más, el principio del derecho a la vida.

Nuestro país continúa sufriendo las consecuencias de aquellos años de terrorismo de Estado. Prueba de esto es que el reglamento por el cual todavía se rige internamente la Policía de la provincia de Buenos Aires, es el mismo que impusiera Camps, durante la dictadura militar.
La existencia de instrumentos legales originados en ese período refuerza la impunidad y demuestra que con los años, poco ha cambiado.

Zulema Enriquez, Laura di Ciano, Rita Haile