TRANSCRIPCION DE LA EXPOSICION DE LOS PANELISTAS
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Laura Di Ciano
Se nos ocurrió la idea de
presentar el proyecto de una revista.
En principio habíamos planteado en forma general que fuera de derechos
humanos. Nuestra sorpresa fue cuando la Asociación a los pocos días nos
llamó y nos reunimos para empezar a pensar la revista, a discutir, y es
así como concluimos que iba a ser una revista de la AEDD, que es la que
hoy estamos presentando, Tantas voces.. Tantas vidas.
El objetivo que para nosotros persigue es que se convierta en un
espacio de debate de las consecuencias que tiene la historia de nuestro
país en la actualidad y más precisamente del período dictatorial de 1976.
Creemos que esta discusión sigue siendo necesaria y que se puede aportar de
alguna manera, desde nuestro humilde lugar, un granito de arena para el cambio.
Personalmente creemos que esta discusión muchas veces, quedó o sigue
quedando enmarcada dentro de determinados sectores o lugares u organismos
de derechos humanos. Por eso pensamos que la revista tienda a ampliar la
discusión para que toda persona que no haya sido afectada en forma directa por
la dictadura militar pueda sentir que es una cuestión que nos ocupaba a
todos. Pensar que la dictadura militar nos pasó a todos.
Decimos esto porque nos llamó la atención que a medida que íbamos haciendo
las distintas entrevistas para nuestra revista, a muchos entrevistados les
causó sorpresa que nosotros no fuéramos integrantes de HIJOS ni que tuviéramos
ninguna relación directa con la dictadura, algún familiar desaparecido.
Por eso decimos que la historia de los 30.000 desaparecidos tiene que ser la historia de todos.
No creemos en aquellos que hablan del fin de la historia, creemos que la
historia continúa. Hay que darle una línea de continuidad a las cosas para
poder ejercer la memoria y darnos cuenta de que nada es casual. Que si hoy
estamos como estamos, mal, así como estamos, es por algo. Porque la
dictadura instaló un plan de exterminio de toda una generación que pensaba
un país diferente. No es casual hoy la impunidad, el gatillo fácil, el
doble discurso, la desmovilización social, la pérdida de credibilidad, la pasividad en la que estamos inmersos.
Nosotras reivindicamos esa lucha de los 30.000 desaparecidos. Queremos un
país diferente. Pensamos y tratamos de hacer un país diferente desde
nuestro lugar. Y por eso la razón de esta revista.
Quería agradecerles a todos ustedes por estar esta noche aquí, agradecerle
a la Asociación que nos haya dado la posibilidad de sacar esta revista, de
poder trabajar con ellos. A nuestros familiares, que nos apoyaron en todo
momento, y a dos personas en especial que nos apoyaron mucho en este número,
a Candela Alvariño, que estuvo en un comienzo pero nos tuvo que dejar
después, y a Martín, que colaboró en este número.
Es todo, gracias.
Darío
Lago
Quiero agradecer la posibilidad
de compartir con ustedes, en particular con los compañeros de la AEDD este aniversario
de tantos años y la publicación de la revista Tantas voces. Tantas vidas.
Asumo hoy como persona pero también como institución la invitación que nos
hicieron como una ratificación de un compromiso militante.
Estos 15 años de la Asociación muestran a las claras cómo se puede transformar
el dolor en espíritu de lucha. Ustedes han sido, compañeros de la Asociación,
al mismo tiempo, actores y testigos de los crímenes de la dictadura y
supieron y pudieron transformar esa dura experiencia en voluntad de exigir
verdadera justicia. Construir la memoria colectiva en la práctica social
y pelear por los cambios que garanticen la dignidad y los derechos del
pueblo.
Tenemos en común un doble anclaje. En la historia compartida y en la necesidad
de pelear por un proyecto de futuro. Todos nosotros tenemos por un lado,
la marca de las heridas de la dictadura, en los compañeros de la Asociación
marca impresa en el propio cuerpo. Pero por otro lado, y probablemente
eso sea lo más importante, que han podido mantener el espíritu de rebeldía
y encontrar continuidad entre el pasado y el presente.
Cuando hablo de continuidad en este caso me refiero a los ideales que se
tuvieron en las luchas populares de los 60 y los 70, los anhelos de cambiar
el mundo, y la vigencia actual de muchos ideales en todos nosotros, a pesar
de las teorías hegemónicas sobre la globalización, el fin de la historia,
como decía acá la compañera, sus correlatos culturales como las ideas de la
posmodernidad.
Llegamos ya al 2000. Estamos a la entrada del próximo siglo. Sobre fines de
la dictadura sabíamos que nos esperaba un largo camino de lucha contra la
impunidad. Pero seguramente ninguno de nosotros imaginó de qué manera y
hasta qué punto marcarían tanto los crímenes contra el pueblo como la
impunidad, a los hechos políticos y sociales posteriores, y cómo tanto tiempo
después seguirían abiertas las heridas y presente en el sentimiento popular
la exigencia de justicia.
Mirando el mundo de hoy y sin inventar nuevas palabras para disimular o
vaciar contenidos, pienso que vivimos una época en que la ofensiva imperialista
se mantiene. La guerra del Golfo, los ataques permanentes contra el pueblo
iraquí, la guerra de la ex Yugoslavia, la invasión de la OTAN a
Kosovo, las múltiples invasiones e intromisiones imperialistas encabezadas
por el imperialismo norteamericano, que usa la bandera de la defensa de
los derechos humanos, y en este último período la guerra israelí-palestina,
en la que el gobierno israelí, traicionando la historia de persecuciones
al pueblo judío, asume el papel de agresor al estilo de los nazis, marca
una de las caras de la época.
La teoría de la globalización viene a imponérsenos precisamente para
sustentar esta ofensiva imperialista. No habría más diferencias entre
naciones opresoras y oprimidas. Ni de explotadores y explotados. Nos dicen
que estamos ya en un mundo en el que las diferencias, en todo caso, sólo lo
serían por los desarrollos tecnológicos.
Y nuestra América Latina no está al margen de ello. La intervención directa
o encubierta de los yanquis circula como un fantasma. Venezuela y Colombia son hoy los objetivos directos de esa ofensiva imperial.
También en los últimos años se han producido modificaciones en la subjetividad,
vinculadas a los cambios en las formaciones económico-sociales en el mundo.
Cambios que generaron desilusión y escepticismo en cuanto a la viabilidad
del proyectos colectivos de cambios sociales.
Esto reforzó la inducción a considerar que el capitalismo es la única sociedad
posible.
Aparece así como existente y posible un único sistema cuya variante neoliberal
ha sido hegemónica en los últimos años. Esto, sostenido siempre sobre la base
del discurso de la globalización, aunque me permito recordar la frase
del subcomandante Marcos, que decía que el único problema de la globalización
es que los globos se pinchan.
Sin embargo, esto hoy no es lo único. En los últimos años en distintos
lugares del mundo, también de América y de la Argentina, que recupera la experiencia
de la historia emancipatoria, nace. Bajo nuevas formas y en distintos países,
la respuesta de los de abajo se hace escuchar, evidenciando que los ideales
y el ejemplo del Che no han sucumbido a los modelos de sometimiento a los que
nos han inducido.
En América Latina, gigantescas manifestaciones populares en Ecuador y
Perú, el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil y Paraguay son prueba
de ello. Las denuncias, incluso en el corazón del imperio, como ocurrió
el año pasado en Seattle, Estados Unidos, o este año en la reunión del Fondo
en Praga, con su correlato en muchos países, nos recuerdan que empiezan a soplar
otros vientos que algunos creían definitivamente desterrados.
En la Argentina, mientras persiste la impunidad, avanza una política socioeconómica
de entrega y explotación. También se implementan nuevas formas de represión
y discursos sociales que tratan de avalarlas. Raúl Castells y Emilio Alí
están presos por luchar contra el hambre, y los
2.500 luchadores populares procesados dan la prueba de la hipocresía de esta
democracia.
El discurso hasta hace gala de psicologismo. Machinea, hace poco tiempo,
hablaba del "malhumor de los argentinos". Los delegamos del
FMI sostienen que la Argentina tiene problemas psicológicos o problemas
de diván.
Ante la gigantesca y evidente crisis política o, como ahora suele denominarse,
crisis institucional, que pone en juego a las que llaman "instituciones
de la democracia", el presidente De la Rúa dice "el rumbo
no se mueve, en este país no hay crisis". Parte también del discurso
económico también es sostener que el problema es la corrupción, ocultando
que ésta es sólo el coletazo inevitable del proyecto económico dominante.
La impunidad de los genocidas se corresponde con la impunidad de los responsables
de una política económica que condena a la exclusión social y al hambre a millones
de argentinos. Es la impunidad de los poderosos que han hecho grandes negocios
hipotecando hasta el patrimonio nacional a costa del hambre de las mayorías.
Los problemas vinculados a la situación de indefensión material y social
tiene un correlato en la indefensión psíquica. Uno de los correlatos actuales
es que el contexto social ha
dejado de ser un factor de apoyatura para las personas. En la pertenencia
social buscamos encontrar un factor de apoyo y de modelo, ideales colectivos
que nos garanticen el sentimiento de continuidad y el sentido
de nuestra existencia. El contexto social actual, apoyado en el sistema
de poder vigente, sólo nos ofrece un modelo de impunidad, arbitrariedad
y corrupción. Induce a la gratificación individualista, sin garantizar,
por
otra parte, que esta pueda ser resuelta.
Pero además, y sobre todo, afecta aspectos de la vida que garantizan primero
la continuidad de la vida material, y además el sentimiento de pertenencia
social. Me refiero a la problemática del trabajo. El trabajo
nos permite cubrir las necesidades materiales, pero también nos permite
sentirnos reconocidos y valorados en el mundo. Nos asegura el funcionamiento
de un aspecto esencial de la identidad personal. Hoy, tener
trabajo es un privilegio. El que no lo tiene quedó fuera del mundo, y
el que lo tiene, lo tiene que cuidar a costa de su propia vida y a costa
de los valores de la solidaridad.
No sólo nos sustraen de los derechos a una vida material digna, a la justicia,
a la verdadera justicia, sino que también nos quieren sustraer a los ideales
sociales que nos restituyan en el encuentro con un sentido de
la vida basado en los valores de la solidaridad.
Sin embargo, no han logrado transformarnos en objetos que garanticen
sólo la sustracción de plusvalía directa o indirecta. También en nuestra
Argentina, hombres y mujeres protagonizan la otra historia. En los últimos años,
en puebladas y cortes de ruta, desde La Quiaca a Ushuaia, y en las más
diversas formas en que la respuesta social se expresa, renace el anhelo de terminar
con la injusticia y la impunidad. Somos conscientes de que la impunidad de los
genocidas sólo terminará definitivamente el día que a
través de la lucha se conquiste un poder verdaderamente popular, que abra
un camino de liberación para nuestra patria y nuestro pueblo.
La experiencia de todos estos años nos ha demostrado que estamos juntos
en este camino.
La AEDD ha hecho un gigantesco aporte a la lucha democrática de nuestro
pueblo. Ha estado siempre presente no sólo en la denuncia de la represión.
Con los comunicados que leía recién Osvaldo me hacía recordar que esto
que puse va teñido de todos estos años de haber participado y escuchado las
actividades de ellos en la denuncia de la represión y la impunidad de
ayer y de hoy y también en la lucha social y política.
Por eso, queridos compañeros, nos conmueve estar hoy con ustedes. Nos
hermanan muchos años de esfuerzos.
Queremos decirles que cada uno de ustedes y la Asociación como conjunto, han
demostrado en la práctica de tantos años que la dictadura no pudo destruir
a nuestro pueblo. Ustedes son ejemplo de que la memoria histórica se construye
en la lucha. Ustedes, denunciando desde la propia experiencia, lo que fueron
los crímenes contra miles de jóvenes de nuestro pueblo, y exigiendo justicia
sin concesiones, demuestran que la historia no se borra de un plumazo.
Y por más represión que implementen los explotadores, nunca
deja de escucharse la voz de aquellos cuya voz ha intentado siempre acallarse.
Durante todos estos años la Asociación sostuvo en la escena social un
espacio de enlace. Su presencia tuvo una significación de unir la construcción
de la memoria histórica al proceso social y política de
resolución de los grandes problemas que afectan a la Argentina.
No dudo, por último, que la revista Tantas voces. Tantas vidas. será un nuevo
aporte en esta dirección. Y que los tiempos turbulentos que espero se profundicen
para alcanzar la ansiada liberación de nuestro pueblo y de
nuestra patria, nos encontrará caminando juntos.
VICTORIA
GINZBERG
Gracias por invitarme. Estamos
acá para celebrar el nacimiento de un nuevo medio de expresión, que siempre
es importante, y más cuando se trata de algo, como éste, hecho con amor
y con cariños.
Pero a la vez estamos acá conmemorando los dieciséis años de la AEDD,
así que me parece que este día también debería ser un homenaje a ellos,
a los ex detenidos, que sobrevivieron al horror. Y muchas veces tuvieron
que soportar, ellos lo saben, una doble discriminación, un doble "por
algo será". Pero el homenaje debería ser porque ellos no se cansaron
de denunciar en Argentina, en los juicios a las Juntas, y después de las
leyes de obediencia debida, fueron a denunciar al exterior, y denuncian
en los juicios de la verdad, y no se cansan de identificar a los responsables.
Porque este rompecabezas del horror que desde hace 24 años arman los organismos
de derechos humanos, este rompecabezas, las piezas serían infinitamente
menores sin ustedes. Probablemente no sería ninguna.
Les tocó una tarea difícil, la de reconocer a los victimarios, la de transmitirles
a las familias la suerte de sus compañeros. Pero también trajeron el dato
de los hijos de sus compañeros que nacieron en cautiverio, y con ellos
se empezó a buscar a esos niños, se supo que habían nacido. Y de transmitir
esta especie de verdad de lo ocurrido. También tuvieron un importante
rol en reivindicar el rol militante de los desaparecidos.
Y me quiero referir a dos cosas que están muy reflejadas en la revista,
en las que yo como periodista acompañé a la Asociación y a otros organismos
de derechos humanos como cobertura.
Por un lado, el tema del juicio de la verdad, y por otro lado en el tema
de Brusa. Me parece importante este reflejo que hay en la revista de los
juicios de la verdad, sobre todo del de La Plata, donde la Asociación
participan muy activamente. Porque sé que los juicios de la verdad son
un problema porque no son juicios completos, y porque la Asociación todo
el tiempo reivindica que un juicio completo es el juicio que termina con
el castigo a los responsables. Sin embargo, creo que no hay que subestimar
el valor de la verdad. La verdad nos llevó a recuperar el valor militante
de los desaparecidos, y porque sabemos que estamos acumulando pruebas
para que cuando cambien las circunstancias, poder encarcelar a los responsables.
Pero aunque todos los responsables estuvieran en prisión, también sabemos
que nuestra sociedad necesita saber qué pasó. Y por mi trabajo en el diario veo
que es algo que a los militares les molesta. Les molesta la existencia de
los juicios, les molesta que se siga hablando todos los días y que se ve reflejado
en los medios, que se repita los crímenes que cometieron. Es algo que
les molesta mucho, por eso todos los operativos que hacen para tratar de
cerrarlos.
Un ejemplo en el cambio de estas circunstancias es el tema de Brusa. Brusa
fue nombrado juez a pesar de que en su momento se denunció que había sido
cómplice de los militares. En ese momento nadie les dio bola, sin embargo,
Brusa, fue coherente consigo mismo y atropelló a una persona, a un nadador,
y fue a parar al Consejo de la Magistratura, y el Consejo terminó por
destituirlo por el crimen contra el nadador, pero también por escuchar
las voces de los que padecieron a Brusa en los interrogatorios. Brusa
debería
estar preso, y no lo está, pero tampoco es juez. Creo que es un paso adelante.
Hay cambios en las circunstancias, y las circunstancias las tenemos que
cambiar nosotros.
No voy a decirles nada que no sepan. Quiero decirles que hay que seguir
la lucha y no hay que bajar los brazos. Gracias
María
del Carmen Verdún
Más que agradecer a la AEDD el enorme honor que me han hecho al pedirme que
integrara este panel tan caracterizado, quiero celebrar y compartir con
ustedes el motivo por el cual los compañeros me explicaron que consideraban
útil y necesario que un miembro de CORREPI estuviese el día de la celebración
de sus 16 años de vida como Asociación y de la presentación de su revista.
Nuestra presencia en esta mesa y la propia existencia de CORREPI es producto
de nuestra toma de conciencia de que cuando hablamos de impunidad y cuando
hablamos de represión, si lo hacemos en tiempos verbales pretéritos, o
si lo hacemos quedándonos en el marco de la expresión desiderativa del
«nunca más», estamos mirando la realidad con un ojo tuerto.
La realidad social no nos permite obviar, sea por desinformación, sea
por decisión deliberada, que hay una continuidad histórica en un sistema
represivo que se reconvierte y transforma en su metodología y en sus
formas de ejercer este objetivo represivo, que tiene su correlato en las
políticas de impunidad con mucha mayor rapidez de la que a veces nos damos
cuenta de por donde viene la cosa.
Justamente en la nota editorial de Tantas voces. Tantas vidas, los compañeros
dicen, rememorando aquellos tiempos primaverales del 84, que entonces
«eran los días mezclados del mucho miedo todavía y la esperanza
apenas visible, presente más por costumbre que por los vientos de la Constitución
desempolvada para esa fecha». Apenas tres años más tarde, y ellos fueron
de los primeros en señalarlo, ocurrió un hecho fundacional
para lo que sería nuestro futuro posterior, con aquellas Felices Pascuas
y las leyes de impunidad.
Pero al mismo tiempo sucedía otro hecho, también fundacional. Apenas unos
días después, el 8 de mayo de 1987,cuando tres pibes que tomaban cerveza
en, una esquina de una barriada popular en Ingeniero Budge, fueron fusilados
por tres policías bonaerenses.
El primer acontecimiento nos conmovió y conmovió por lo menos a buena
parte de los sectores más movilizados de la sociedad. Nos remitía a nuestro
pasado doloroso más aberrante, a la derrota de la lucha revolucionaria en las
mazmorras y en las capuchas. El otro hecho, en cambio quedó relegado a
alguna página interior de algún diario amarillista, con el título de «Jóvenes
de frondoso prontuario abatidos por las fuerzas del orden».
En Budge comenzó a generarse un movimiento antirrepresivo de profunda
base popular. Un movimiento que muy poco tiempo más adelante, cuando la ya larga
lista de los muertos por las policías federal, bonaerense, por otras fuerzas
de seguridad como la gendarmería, el servicio penitenciario federal o provincial,
era demasiado larga para que pudiéramos seguir creyendo con ingenuidad
en casualidades o en accidentes, parió esto que hoy se llama CORREPI.
En un primer momento nos resultó sumamente difícil instalar esta
idea de que un pibe desocupado, o vago -en la terminología de principios
de los 90-, joven, parado en una esquina de un barrio como Budge o como
Isidro Casanova o Rafael Castillo, que recibía una bala policial, era una víctima
de una violación a los derechos humanos en igual medida que un luchador revolucionario
de las décadas anteriores cuando era desaparecido, cuando era torturado,
cuando era asesinado.
Esto ocurría y resultaba tan difícil precisamente porque había quienes creían,
o no veían, o no podían ver, que no es la cualidad de la víctima la que
determina la existencia de una violación a los derechos humanos. Si
sólo el Estado puede ser el sujeto activo de una violación de los derechos
humanos, entonces la línea divisoria entre el delito común, que implica
una violación al derecho subjetivo y que se sanciona con el Código Penal,
y que regla una situación entre particulares, y la violación al derecho
humano que compromete, ofende y lesiona a la humanidad toda, está dada
por la intervención del Estado como autor, y por la integración de esa
conducta, que puede ser, en el caso particular e individual, en un plano
general que tiene que ver con las políticas del Estado.
Concluida la operación de limpieza ideológica y física durante la dictadura,
esta reconversión del aparato represivo generaba nuevos métodos de control social.
Y poco a poco fuimos avanzando en la caracterización de este fenómeno represivo,
advirtiendo cómo a partir del 83 eran las policías en primerísimo lugar, y las restantes fuerzas de seguridad, las que pasaban a ser el principal brazo
armado del Estado, el principal brazo
armado del sistema. Y que aplicaban estas herramientas como el gatillo fácil,
como la aplicación de torturas a detenidos, las detenciones arbitrarias,
como forma de ejercer el rol que el Estado de derecho les
había asignado: controlar, disciplinar, aterrorizar, a aquellos segmentos sociales
que potencialmente podían un día ocupar el lugar de los que habían sido
eliminados.
Con este planteo fue muy poco tiempo el que pasó antes de que empezásemos
a confluir con la AEDD en la proposición y en la realización de políticas
que confrontan directamente al sistema desde el campo de los derechos humanos, pero
con los dos ojos muy bien abiertos. Se sumaron posteriormente los HIJOS.
En 1995, cuando terminábamos el Primer Encuentro Nacional contra la Represión
y la Impunidad en la ciudad de Buenos Aires, en el que participaron los compañeros
ex detenidos-desaparecidos, entre todos llegamos a algunas conclusiones y en
particular había un párrafo que escribimos ese día que dice: «Mientras se consolida
el uso por parte del Estado de una política represiva que caracterizamos como
indiscriminada, por cuanto se utiliza contra cualquiera que responda a los parámetros sociales
de los sectores más desprotegidos cuyo objetivo es esencialmente el control
social de esos segmentos juveniles marginados o de minorías
discriminadas, es evidente el surgimiento de una nueva vertiente represiva, más
explícita y dirigida puntualmente contra quienes ya luchan o se defienden de
la violencia económica del sistema».
Esto decíamos en marzo de 1995. Desde entonces hasta ahora hemos podido
comprobar de qué manera el
sistema, sin dejar de emplear aquellas herramientas del control social, como
el gatillo fácil, la tortura, o las detenciones arbitrarias, aumentó la represión
directa a las movilizaciones populares, a las luchas sindicales
y estudiantiles, tanto de manera explícita -a través de los palos, las balas de
goma o de las otras-, como adecuando en una escalada posterior, que está en
pleno desarrollo, el aparato judicial y el sistema legislativo, con dos fenómenos
que hemos caracterizado como la judicialización del conflicto
social y la criminalización de la pobreza.
Ejemplos nos sobran para sustentar esta caracterización. Desde el Santiagazo
a la fecha no ha habido manifestación popular, movilización, sentada o cualquier
tipo de reclamo público que haya podido escapar a una represión directa más
o menos virulenta. Incluyendo heridos y muertos, como en el caso de Víctor Choque
en Ushuaia, Teresa Rodríguez en Cutral-Có, Mauro Ojeda y Francisco Escobar a
siete días de estrenado nuestro actual gobierno nacional en Corrientes.
Paralelamente los jueces han comenzado y han incrementado la aplicación
de esta nueva participación como elemento del aparato represivo del Estado,
aplicando generosa y forzadamente a luchadores populares o a personas
que son detenidas en el marco de conflictos provenientes claramente de la protesta
social, figuras que el Código Penal contiene para otras cosas.
Una especie de estiramiento de figuras como la prepotencia ideológica,
la asociación ilícita, la instigación a cometer delitos, la usurpación,
el atentado y resistencia a la autoridad, la interrupción del tránsito
vehicular, el daño, y tantas otras, que solamente tenemos que acordarnos
de las causas de Panario y Christensen y Estrada, del Lobo Martínez, de los piqueteros
de Comodoro Rivadavia, de Raúl Castells, de Emilio Alí tanto en la causa del
supermercado como por el juicio de la Catedral. Y la lista continúa.
Por su parte, las legislaturas, tanto nacional como locales, han acomodado
y siguen acomodando sus normas para generar un marco legal que permita
dar cabida a la represión de conductas que el Estado quiere tipificar como delictivas,
porque lo ponen en potencial riesgo.
Tuvimos en su momento, y aquí también el protagonismo de la AEDD fue enorme,
la gran pelea que dimos contra las supuestas leyes antiterroristas, que en realidad
eran una serie de herramientas represivas infernales, que generaron algunos
hijos putativos como la ley del arrepentido, que en algunos sectores, aún autodenominados
de derechos humanos, se presenta como una herramienta útil.
A lo largo de todo el país, muy en particular de la provincia de Buenos Aires,
pero también en el resto del país y en la legislatura nacional, permanentemente
se generan normas que permitan por un lado aprovechar los
consensos que se generan, especialmente en las capas medias, a través
del discurso de la inseguridad y de esta criminalización de la pobreza para profundizar
aun más la represión por esa vía.
Por el otro lado, penalizando ese tipo de conductas, que deben ser reprimidas
más prolija y legalmente. Porque en la Argentina, no nos equivoquemos,
no tenemos dos modelos de prevención y represión del delito,
uno el de Ruckauf, Patti y Rico, que reprime absolutamente de manera franca
-casi podríamos reconocerle la honestidad a Martínez, diciendo esa maravilla
de «voy a fusilar por la espalda al policía que torture»,
estamos evaluando si le mandamos la lista de torturadores y una carta
documento para que cumpla su palabra- y otro «democrático» o «garantista»
encarnado en el discurso de seguridad de la Alianza. Lo que se discute en la Argentina
no es si se reprime o no se reprime, sino cómo se reprime: con esa frontalidad
neofascista de Ruckauf, o con el ropaje pseudodemocrático, que apuesta más a
la legitimación por el consenso social y las tesis de «participación ciudadana» de los radical-frepajeros, pero que a la hora de
las decisones votan el endurecimiento del sistema penal o mandan la gendarmería
a gasear y balear desocupados.
La instalación del discurso de la «inseguridad» como prioridad absoluta
es la culminación de este proceso.
En la actualidad, está en comisión, en la legislatura de la Ciudad, un proyecto
de ley para reglamentar el derecho de reunión, de autoría del diputado radical
Eníquez, que entre otras maravillas represivas propone:
Prohibir toda reunión, manifestación, marcha o encuentro de lunes a viernes en
el micro y macrocentro, desde el Bajo hasta Belgrano, Jujuy y Pueyrredón.
Prohibir toda reunión, acto, desfile o manifestación los días patrios,
sus vísperas, y el Primero de Mayo, salvo que tengan por objeto conmemorar el feriado.
Prohibir toda manifestación que no sea autorizada previamente por las autoridades,
para lo cual debe solicitarse permiso por escrito, con 10 días de anticipación.
En el pedido de autorización deben figurar los datos personales completos del
responsable de la convocatoria, el lugar y hora de iniciación y duración,
los puntos de concentración, el recorrido, y el objeto de la actividad.
Si el convocante es una organización, debe presentarse la documentación que
acredite que el solicitante es su representante legal.
Si razonablemente puede presumir la autoridad que la reunión o marcha
pondrá en peligro la seguridad y el orden público, puede prohibirla aunque antes
la haya autorizado.
El responsable de la marcha -que debe ser una persona mayor de edad- debe asegurar
el perfecto orden y el respeto por el recorrido y tiempo autorizados.
Es responsable civilmente por los daños que se causen si no
cumple con diligencia para evitarlos.
Si se dificulta la circulación de peatones o vehículos, si se ocupan lugares
en forma prolongada, si se afectan caminos, canteros, plantaciones u obras de
arte de paseos públicos, si se colocan artefactos fijos o si se
escriben leyendas en aceras o calzadas, responde el responsable en los términos
del código de contravenciones.
Durante el período preelectoral los partidos y alianzas reconocidos tienen algunos
privilegios: se les da preferencia para el uso de los lugares públicos, y la
autorización sólo debe ser pedida 5 días antes.
El último artículo, por si queda alguna duda, dice textualmente: Derógase toda
disposición que se oponga a la presente.
No son entonces sólo las fuerzas de seguridad y las fuerzas armadas las
que integran el aparato represivo del Estado. Jueces y legisladores vienen cumpliendo
su parte del trabajo con enorme eficacia, aumentando el voltaje represivo a
medida que crecen en todo el país la resistencia y la confrontación con las
políticas antipopulares. En el caso de los jueces, a medida que aumenta la persecución
a los luchadores populares, disminuyen los pocos casos en los que, a través
de la presión popular, la movilización y la denuncia pública, se investigan
-a veces- y se condenan -muchas menos veces- a los represores y asesinos estatales.
Por eso nosotros -que para los poco avisados pertenecemos a una organización
que se dedica a tratar de meter policías presos- insistimos en cada oportunidad
que tenemos en que la pelea en los Tribunales por juicio y castigo a los asesinos
es sólo un instrumento más, y no el más importante, en la pelea de fondo
que damos
contra la represión. El gatillo fácil, las torturas, las detenciones arbitrarias
o la corrupción policial no son, como dicen algunos y nos quieren hacer
creer otros, «graves problemas que la democracia no supo o no pudo resolver
en los pasados 16 años».
Así como la miseria y la desocupación son la consecuencia directa y lógica del
sistema en el aspecto económico, la represión y la impunidad son su consecuencia
directa y lógica en el ámbito extraeconómico.
Con esto en mente debemos seguir exigiendo la cárcel para los represores
y la libertad para los compañeros; con esto en mente debemos utilizar todos los
recursos de que disponemos -incluso los juicios- para encontrarle la vuelta
a las contradicciones del sistema y realizar un derecho alternativo, pero sabiendo
que más allá de los matices personales, que sin duda los tienen, no hay jueces
buenos y malos o policías buenos o malos: todos, más temprano que tarde, responden
a sus intereses de clase.
Por eso la pelea judicial -que hay que dar, no estamos en condiciones
de regalar frentes de lucha- sólo tiene verdadero sentido revolucionario
si sirve para construir conciencia y poder popular, si nunca olvidamos
que
las políticas represivas del estado son parte de la esencia misma del sistema capitalista,
y ubicamos todas nuestras acciones en la lucha por una sociedad justa. Una lucha
que será larga, pero que sólo perderemos si la abandonamos, y en la que
sin duda los compañeros ex detenidos desaparecidos
se encolumnarán señalando el camino.
Osvaldo
Bayer
Creo que hemos escuchado,
realmente exposición medulares sobre nuestro pasado, sobre las actividades de
estos organismos de derechos humanos, y sobre la actualidad argentina.
Yo creo que esto es algo, pese a que somos muchos, familiar. Hay un ambiente
familiar, un diálogo previo. Acá está las Madres, con sus pañuelos, y yo quisiera
hablar de otro aspecto, del aspecto quizá poético que tiene todo esto. Este
título, hermoso título de la revista, que nos habla de las vidas y de las
voces. De aquellas voces que recordamos tanto, que no vamos a olvidar.
Hoy me hicieron un reportaje sobre mi última conversación con Rodolfo Walsh,
que no podré olvidar jamás esa voz. Esa voz llena de entusiasmo, llena de inteligencia,
llena de profundidad.
Cómo no recordar esas voces de nuestros seres queridos, y esas vidas que no pudieron
despedirse de nosotros.
Esto es lo hermoso y esto es lo que tenemos. Estoy tan agradecido a la Comisión
de Ex Detenidos-Desaparecidos. A mí me emocionaron mucho cuando los veía
reunidos en el salón de Filosofía, y hasta los espié, porque veía sus gestos,
veía su entusiasmo, a pesar de las terribles humillaciones que habían sufrido.
A pesar de todos los sacrificios, de rehacer las vidas. A pesar de ser desmentidos
tantas veces por esta sociedad tan cruel. Y los veía, los veía reconstruir la
historia.
Y ahora nos traen esta revista, que va a ser realmente un símbolo de la memoria.
Aquí va a haber cosas que van a aprovechar las próximas generaciones. Y Tengo
que tener un recuerdo también, porque esta Comisión,
esta Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos, me hace acordar en la posguerra
en Alemania, cuando me tocó vivir esa especie de renacer de nuevas esperanzas
de un país como Alemania, que había sido derrotado hasta el hartazgo en todo
sentido, y estaban los pocos que se habían salvado de los campos de concentración
juntando papeles, recordando nombres de los torturadores.
Nunca me voy a olvidar de don Hans, que había estado en Auschwitz, y había estado
en Dachau, cómo trataba de dedicar su vida a la memoria, de explicarles a todos
qué es lo que había pasado en esos campos de
concentración. Y todos esos documentos que fueron juntando esos sobrevivientes
sirvieron para el primer juicio que se hizo, que los alemanes hicieron a los
criminales de guerra. Años 1951.
Fíjense qué casualidad, todos los criminales nazis uniformados se defendieron
con la obediencia debida. Habían cumplido órdenes. Ese fue el único argumento
de su defensa. Y me acuerdo muy bien cómo el fiscal los derrotó totalmente,
explicando que bajo ningún aspecto puede haber obediencia debida para matar,
para torturar. Era una especie de honor, de deber, rechazar esas órdenes. Y
fueron condenados pese a la obediencia debida. Y pese a que uno envió al Congreso
de la Nación aquellos
extraordinarios pensamientos del fiscal Fitzbauer, acá se perdonó a los peores
asesinos, a los peores torturadores, a los secuestradores con obediencia debida
y punto final.
Estos que están hoy en el gobierno, este Presidente que levantó la mano haciendo
el saludo fascista para votar obediencia debida.
Esto, no puede haber futuro sin memoria, no puede haber democracia sin memoria.
Yo les agradezco profundamente a la Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos,
este acto, esta nueva revista, todo este trabajo que han ido elaborando, a pesar
de los recuerdos, a pesar de que muchos de
ellos hubieran querido, tal vez, olvidar para siempre lo que sufrieron.
Los miro con una amplia sonrisa, sé que van a seguir trabajando, y lo
hacen por el futuro de la República, de esa hermosa palabra, República, tan traicionada.
Nada más que esto, no quiero ocupar más tiempo, faltan oradores y todos queremos
escucharlos, y escuchar la hermosa música de don Estrella.
Chipi
Palmero
La creación de la revista,
esta revista que de alguna manera hoy nos convoca, surgió como dijo Laura, de
la propuesta que un grupo de compañeras de la Facultad de Periodismo nos hacen,
a partir de un seminario que se llama Argentina posdictatorial ¿sociedad de
sobrevivientes?, al que Laura hizo referencia, que tiene en el título, encierra
el título un interrogante. Para ir develando este interrogante, el año pasado
empezamos a trabajar con este grupo de Periodismo muy activamente, y empezando
a reflexionar cada uno y todos los temas de este seminario. Fue muy rico, porque
una de las cosas más importantes fue que la edad, el promedio de edad de los
compañeros que asistían al seminario, nos colocaba en una generación que no
era la nuestra. Entonces hizo que surgieran, que aparecieran, dos lógicas diferentes.
Una era la lógica de los 70 y otra era la lógica de los 80 y 90.
Empezamos a compartir, empezamos a conocernos, nos dimos cuenta de que estos
compañeros no se habían quedado para nada con la versión oficial de los hechos.
Entonces estaban ávidos por conocer. Comento esto, porque me parece que es una
primera referencia que hay que hacer con respecto a la
revista, y es que esta revista nace de un intercambio. La revista es un producto
que nace de un intercambio, de un intercambio movilizador, que realmente nos
hace decir hoy con alegría que para esta revista no
trabajamos solos. No solamente por la propuesta de las compañeras, sino
que se suma a todo esto el trabajo enriquecedor y muy creativo de las compañeras
que diagramaron, ilustraron, diseñaron y sacaron las
fotografías.
Hacer una revista supuso entonces pensar, supuso trabajar, supuso responsabilizarse.
Y la tarea fue tomada con mucho interés y con compromiso. Porque para sacar
una revista hay algo que tenemos que decir, algo que tenemos para contar, algo
que tenemos para plantear.
Y ése fue el camino que nos fue orientando en el para qué la revista.
Lo primero que supimos fue para que se nos conozca un poco más y para
que se sepa realmente quiénes éramos. Cuando empezamos con este trabajo, y fundamentalmente
a tratar de plantear cuáles iban a ser los contenidos, las compañeras que nos
hicieron la propuesta cuestionaban si ésta no iba a ser una revista muy setentista.
Y nosotros dijimos "sí", porque en realidad eso somos, porque ésa
era nuestra lucha, ésa es la lucha que reivindicamos, y ésa va a ser la lucha
con que vamos a seguir adelante.
De pronto nos dimos cuenta que prácticamente de manera imperceptible algo habíamos
logrado. Y era aparecer como somos.
Como esta revista no es una revista de derechos humanos, sino que es una revista
de la Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos, era muy poco probable que no
aparezcamos así y de esa manera.
Incluso si esta revista logra con el tiempo también ser parte de ustedes, será
porque supimos construir un espacio, un canal para la participación y la reflexión
que creemos es muy importante. Sobre todo si pensamos lo que acabo de decir.
La revista es así como nace, producto de un intercambio.
Nosotros no dudamos de que la mayoría de los que están acá conocen a la AEDD,
de alguna manera unos más, otros menos, y que seguramente comparten con nosotros
nuestros dos ejes principales, que son memoria, a la que transformamos constantemente
en lucha; justicia, con la exigencia de cada uno y todos los genocidas terminen
sus días en la cárcel.
¿Qué pasa? Como en todo esto la última palabra no la tiene nadie, la idea sería
que la última palabra la construyamos entre todos, polemizando, cuestionando,
creando espacios de reflexión, creando acciones incluso que tengan que
ver con esta justicia que recién nombré, y que tenga que ver con la posibilidad
de enfrentarnos a la impunidad. Sobre todo a todas las trampas que nos
pone a diario. Y digo impunidad, me refiero a una impunidad obscena, vergonzosa,
que no solamente se regodea, que no solamente se
masturba, que deja a los militares en libertad, a los asesinos en libertad,
sino que insiste en dar de baja, en acabar con una política verdadera, basada
en la ética, basada en la honestidad, de manera tal que intenta
dejar neutralizada nuestra lucha.
El derecho a aparecer, aparentemente tan simple y tan natural, la verdad
es que molesta a muchos. Sobre todo molesta a los que persisten en mentir, en a
los que persisten en ocultar, a los que persisten en tapar. Como un nuevo intento
de volver a desaparecernos.
En realidad, creemos que todo esto, lo que hace al tema fundamentalmente
de la impunidad, en relación con lo que acabo de decir del derecho al aparecer,
creo que como si esto fuera poco, nuestro organismo tiene
ciertas particularidades, que han hecho que durante estos 16 años que hoy estamos festejando,
hayamos estado permanentemente acompañados de la descalificación. Me refiero
concretamente a lo que circula asociado a que cuando desaparecimos por
algo era, y resulta que cuando aparecimos vivos de los campos de concentración
también por algo era. Esta constante sospecha que cae sobre nosotros, que
verdaderamente nos da mucho dolor y también muchísima bronca, hace que por ahí
determinadas propuestas que se generan desde la Asociación, que se proponen
como para seguir reivindicando la lucha, sean descalificadas, sean desapreciadas,
sean muchas veces directamente no acompañadas.
Nosotros reflexionamos sobre todo lo ocurrido durante la dictadura, sabiendo
que aparecer es hablar, es testimoniar, es denunciar y estar presentes. También
sabemos que toda esta reflexión también se necesita
para lo que está pasando ahora, todos los días, para saber qué cosa hacemos
con eso. Tratamos de la mejor manera de aportar para una sociedad nueva, sobre todo
diferente, con todos aquellos que estén dispuestos a compartir este compromiso,
en cómo luchamos. Entendemos que tenemos que hacerlo juntos.
También creando espacios para la reflexión, arriesgando opiniones que sean distintas,
siendo críticos.
Vista así creo que la revista es una convocatoria. Y es una convocatoria a un
debate social, como una forma nueva, otra forma de aparecer, para ser vistos,
para dar este debate social. Porque también nos preguntamos si estamos haciendo
lo suficiente.
Pasa que a veces, en realidad con frecuencia, la relación que existe entre los
organismos de derechos humanos en general, no es del todo cordial, no es del
todo simpática, no es del todo respetuosa.
Acontece que a veces lo que se reivindica pasa a ser propiedad de algunos organismos,
perdiendo de vista que la sumatoria contribuye a crear espacios con mayor fluidez.
Superando las diferencias políticas, o la especificidad que tiene cada organismo.
Si a esto le agregamos esa competencia que suele aparecer, suele generarse, por
ver quien sufrió más, quien lleva el patrimonio del dolor, no solamente creemos
que nos aleja de la lucha, nos aleja del respeto y no nos permite construir.
Nosotros somos un organismo que seguramente no hacemos todas las cosas mal.,
quiero decir, me equivoqué, no hacemos todas las cosas bien, pero tampoco todas
las cosas mal. Y nuestra política, entonces, no es de acatamiento ni de que
autoritariamente los demás acaten.
Durante mucho tiempo fuimos acompañados por este asunto que mencionaba
hoy de la descalificación, hicimos público en un montón de oportunidades un documento
nuestro que tiene que ver con por qué y cómo sobrevivimos. La descalificación
continúa y en realidad nunca nadie se hizo cargo de las acusaciones hechas,
y mucho menos nadie se hizo cargo de probarlas. Entonces, en realidad, son estas
cuestiones, estas reflexiones que nos interesa poder debatir, que nos interesa
poder intercambiar. Considerando que la inquietud de la revista apuntaría
a esto, porque nosotros también necesitaríamos cerrar interrogantes.
Creo que en esto estamos, en esto andamos los ex detenidos-desaparecidos.
Estamos entre el aparecer, el sobrevivir, entre la verdad, entre la denuncia,
entre la lucha y la utopía.
Yo quería ,para terminar, compartir con ustedes no solamente en nombre
mío, en nombre de mis compañeros, algo que quedó plasmado en nuestra primera revista,
que entre otras cosas dice algo así: "Se trata para nosotros de seguir
siendo quienes éramos, con todas nuestras heridas y nuestros nombres sin respuesta.
Es una memoria que funde dolor y pasión, y trae intactas, atravesando los
días y los encierros, la bella flor de la solidaridad, aprendida en las luchas
populares, salvada del terror en los túneles de la dictadura, donde los hambrientos
compartíamos el único pan, los lastimados curábamos heridas de otros, los desgarrados
susurrábamos a los compañeros nuestra canción, nuestra poesía, nuestra revolución".