SANTIAGO FERREYRA A. BELTRAN

Detención y Secuestro en el "El Centro Clandestino de Detención Garage Azopardo" de Santiago A. Ferreyra Beltrán
(10/11/76 al 18/11/76)

Mi secuestro se realizó el día 10 de noviembre de 1976 a las 00:10 A. M., en los andenes de la Terminal de Chevallier en Plaza Once, ubicada en la esquina de la Av. Rivadavía y La Rioja.
Las personas que participaron en mi secuestro fueron tres. Se encontraban vestidos de civil pese a que se identificaron como miembros del "Ejército Argentino", y sus características eran aproximadamente las siguientes: el 1ro, quien "a punta de pistola" dirigió el operativo-secuestro de mi persona y se identificó como miembro del "Ejercito Argentino" al anunciarme mi detención o secuestro. Esta persona en el Centro de Detención y Secuestro se hacía llamar "Capitán", era de aspecto robusto, ex-deportista, de unos 40 años aproximadamente, de 1,82 mts de estatura, con bigote recto recortado prolíjamente, con cabello lacio, entrecano y corto, con algunas entradas a los costados de la frente, de ojos claros, esta persona durante mi secuestro y tortura va a ser el "Capitán que hacía de bueno" dentro del sistema que tenían en el "Centro" de: tortura, interrogatorio y contención; el 2do secuestrador llega corriendo apenas el "Capitán" me da la voz de alto y me toma del brazo. En el Centro se hacía llamar "Teniente", aunque en el Centro reconozco su voz, sólo una vez más. Tenía 30 años aproximadamente, delgado, de 1,72 mts, cabello largo y oscuro, peinado al costado, ojos marrones, nervioso, cutis trigueño, bigote sin recortar y abundante. El 3ro, era el que manejaba, de 38 años aproximadamente, era agresivo, un poco temeroso, rubio, de pelo escaso y ondulado, con entradas grandes y peinado al costado, con bigotes recortados que le crecían hacia abajo de los labios, daba la impresión de ser alto, esto no lo puedo precisar por haberlo visto sólo sentado en el auto. Para mi secuestro, también contaron con la complicidad o el apoyo de un señor que trabajaba como boletero de la empresa Chevallier y que esa madrugada estuvo trabajando allí. Éste tenía como 60 años aproximadamente, era calvo y tenía un bigotito recortado sobre el labio, usaba anteojos y era medio regordete, en el año 1984 todavía despachaba en el mismo lugar.
Luego de la detención me conducen por los andenes hacia la calle La Rioja, el 2do se adelanta, hace una señal con la mano y aparece un Chevi verde metalizado con el techo de un vinílico negro, conducido por el 3ro, éste se estira, abre la puerta trasera derecha y el 2do me introduce atrás, el 3ro, me toma de los pelos empujándome la cabeza hacia abajo gritándome: "bajá la cabeza, hijo de puta!" Me quedo en el piso de atrás, al tiempo que el 2do entra, se sienta y cierra la puerta trasera. El 1ro, el "Capitán", se sienta adelante y ordena que vayamos despacio, me ordena que me levante, luego me dice: "Ya perdiste!, pero mirá aunque estemos en guerra, nosotros respetamos las Convenciones de Ginebra, por esta razón les damos a los prisioneros un trato adecuado, así que mejor facilitá todas las cosas y empezáme a decir tu nombre de guerra". Frente a mi respuesta de no saber de qué me está hablando, me pide mi documento de identidad, se lo entrego, lo ve e inmediatamente me ordena que me agache y le dice al 2do que me tape con la manta que había allí. Sólo agrega: "Vamos ya... !"
El auto acelera y recorre pocas cuadras más sin desviar su rumbo, luego dobla hacia la izquierda rumbo al río, no se detienen en ningún momento, demoran aproximadamente 10 minutos en llegar.
En ese automóvil ingreso al Centro de Detención y Secuestro, la entrada al edificio se realiza a través de una rampa, la cual tengo la impresión que era de cemento, tenía ranuras o pequeñas canaletas para evitar posibles deslizamientos rápidos; pese a que tratan de confudirme sobre las características del ingreso a este Centro (al subir, frenaban, aceleraban, echaban marcha atrás, giraban hacia la izquierda, volvían a subir, frenaban nuevamente, retrocedían, giraban nuevamente hacia la izquierda, frenaban, subían, etc.), tengo la certeza que no se trataba de una rampa circular sino recta, por ella me llevaron a un primer piso.
Allí me bajan, diciendo previamente que cierre los ojos pues sino me darían un tiro ahí mismo, alcanzo a ver que estoy frente a un patio rectangular de 12 por 7mts. aproximádamente. Alguien llega y pregunta porqué me habían dejado sin vendarme, me coloca un antifaz ajustado que me dificulta mucho poder ver, me hace medio giro y me sube un escalón para dejarme parado contra una pared, me quita el bastón, reloj, anteojos de sol, dinero y los documentos de identidad y los papeles de un auto Citroen 3cv de mi propiedad.
Esta persona se va y luego regresa para llevarme a un cuarto que se encontraba a pocos metros de donde estaba parado, me esposa en un gancho tomado contra la pared, a unos 30 ctms. del suelo. En ese cuarto, debido al silencio, creo inicialmente que estoy solo, empiezo a pensar y me duermo. Luego llega un individuo que me despierta, me pregunta nuevamente mi nombre, me coloca una capucha y me saca el anillo que se habían olvidado de quitarme; en ese momento tomo conciencia que a ambos lados míos hay otra gente secuestrada, me destabico un poco con la mano que tengo sin esposar y veo a mucha gente encapuchada y vendada acostada junto a mí, en ese momento siento que tratan con la llave de entrar a la habitación donde yo estaba, me tabico nuevamente y traen a otro secuestrado quejándose, con claras muestras de haber sido torturado recientemente. Pasan unos minutos y dos personas vienen por mí, una entra y me pregunta mi nombre, luego me saca de la habitación, afuera me esperaba otra, entonces para confirmar si sería torturado les dije que necesitaba orinar, se quejan diciéndome: "Justo ahora!" Me detienen de los hombros, me dan medio giro y me dicen que orine, creo que lo hice sobre ese patio que había visto con anterioridad. Camino por un pasillo pocos metros y me introducen a un cuarto pequeño que estaba ubicado a la izquierda del pasillo, allí me sientan en una silla con las manos esposadas hacia atrás, hay otra persona más. Esta última me toma de los hombros mientras me interroga, finalmente se enoja, grita y se pone como loco mientras me golpea con sus puños en la cabeza, cara y abdomen, sus golpes me tiran varias veces de la silla, los otros hombres colaboran y me insultan. Luego me sacan de esa pieza diciéndome: "Ahora vas a la parrilla". Me sacan de ese cuarto hacia la izquierda, por la misma puerta por la que ingresamos, caminamos otros metros y doblamos a la izquierda por el mismo pasillo, caminamos varios metros y me llevan a una habitación con su puerta hacia la derecha del pasillo. Esta habitación es más grande que la anterior. En esa habitación había 7 u 8 personas más, miembros de la patota que golpeaba y torturaba, esa noche allí casi todos "parecían estar drogados", "parecían pertenecer al lumpen". Ahí se encontraba la "parrilla" (ésta no era otra cosa que el elástico metálico de una cama); sobre ese elástico, sujeto de pies y manos a las patas de la cama con correas de goma y la esposa en la muñeca izquierda, soy picaneado durante mucho tiempo bajo la dirección del "Capitán" que me había secuestrado. En el interrogatorio interviene otro sujeto, éste se sienta a mi izquierda y de manera pausada sin perder nunca la calma ni levantar la voz, me interroga, pese a que casi todos los allí presentes me gritaban o preguntaban algo e insultaban y se reían de mí, sólo sus preguntas y mis respuestas van a marcar el ritmo de las descargas eléctricas. En esta habitación me interrogaron durante horas hasta que ya no pude ni pronunciar palabra alguna, no sólo por el estado de mi lengua y boca, sino básicamente por mi falta de fuerzas. Durante mi interrogatorio sufrí un desmayo, finalmente sentí que mi corazón latía muy lento. De pronto, la persona que me interrogaba me dice: "Bueno... yo tengo todo el tiempo del mundo, así que pronto nos veremos." Luego éste se retira y los otros me desatan, me ponen una pistola en la cabeza, me siguen amenazando, me dicen que me vista, cosa que de inmediato no puedo hacer, me ayudan un poco y me llevan a una habitación con ganchos y números que no puedo afirmar que fuera la misma donde había estado previamente a la tortura. Allí estuve dos o tres días, dolorido, durmiendo, casi desmayado. Conservo pocos recuerdos de esos días, en algún momento de ese tiempo, escuché algo referente a que personas de origen chilena estuvieran allí, también alguna conversación de los detenidos en relación al Uruguay.
Era muy frecuente y a cualquier hora del día, escuchar alaridos y gritos de gente que estaba siendo torturada, a veces se sentía simultáneamente y con volumen alto música de algún rock estridente, otras veces se escuchaba correr gritando por el pasillo o risas grotescas que pasaban por la puerta del cuarto que habitábamos, alguna noche se sentieron disparos de armas de fuego y voces que decían; "Se fuga, se fuga... ". Constantemente se llevaban gente del lugar donde estábamos, luego las traían torturadas y muy golpeadas. De igual manera que había un "Capitán que hacía de bueno", también había un "Capitán que hacía de malo", tenían diferentes guardias y roles, cuando estaba uno no estaba el otro, aunque el "Capitán que hacía de malo" estaba mucho menos tiempo en el "Centro". El "Capitán que hacía de malo" era muy violento (también en alguna oportunidad escuché que sus subordinados lo llamaran "Mayor"), parecía loco debido a su agresividad, tenía una voz ronca y quebrada, solía entrar a donde estábamos gritando: "Comunistas", "Montoneros", "Hijos de puta, subversivos de mierda, los voy a matar a todos", esto lo decía mientras pateaba al que encontraba en el camino.
La habitación donde yo estaba esposado junto a otros detenidos tenía una puerta de madera que abría para adentro, esta puerta siempre se encontraba cerrada con llave, en tres de sus paredes había numerosos ganchos empotrados y numerados, donde se ponían las esposas que sujetaban a numerosas personas. En el corto período que yo estuve allí hubo aproximadamente entre catorce y dieciseis detenidos simultáneamente, este número lo conté en dos oportunidades, pero variaba de un día para el otro. Luego de mi tortura, recuerdo haber visto en el cuarto donde estuve a dos hermanos, uno de ellos era médico se llamaba Alejandro Knobel y el otro que estaba herido cerca del abdomen se llamaba Carlos Knobel, a este último lo torturaron mucho pese a estar herido, él sólo les gritaba fascistas asesinos. Una noche muy tarde, probablemente toda la guardia dormía esa vez, la salud de Carlos entró en crisis, se quejaba, le pedía a Alejandro que lo aliviara un poco, Alejandro empezó a decir que necesitaba un médico, luego todos terminamos gritando: "Doctor, doctor, doctor", así lo hicimos hasta que llegó enojado el "Capitán que hacía de malo", nos dijo que: "Qué carajos nos creíamos", Alejandro le explicó que su hermano se desangraba que necesitaba atención médica con urgencia, el "Capitán que hacía de malo" lo miró un poco y dijo: "A ver qué puedo hacer", al rato llegó un señor que según dijeron era médico, "Teniente Coronel", éste tenía una voz que parecía ser más viejo que los demás, lo vió, le dio algún medicamento y se fue, a las horas vinieron a buscarlo, dijeron que para atenderlo donde hubiera mejores condiciones, Alejandro dijo que él era médico y que quería acompañarlo, yo no los volví a ver más.
También recuerdo que a mi lado izquierdo había una mujer joven, María Alicia Morcillo, ella era relativamente alta, con una melena lacia que le llegaba casi hasta los hombros, de color castaño claro con un brillo rubio rojizo, esta mujer había tenido un hijo hacía poco tiempo (creo que sólo un poco más de un mes), estaba muy angustiada, tenía los pechos inflamados por la leche que su bebé no tomaba, a partir de un momento la comenzaron a llevar para extraerle su leche materna. A su lado estaba otra mujer casi tan alta como ella, que parecía ser su pariente o muy amiga, ésta era un poquito más gorda y tenía el pelo más oscuro, largo con ondulaciones. Nadie hablaba conmigo, pues no me conocían. Cuando yo preguntaba algo, inmediatamente se quedaban callados, pero entre ellos se conocían casi todos, muchos eran de la JP de Oeste, según le escuché a alguien, no recuerdo a quién . Había otro muchacho joven al que el "Capitán que hacia de bueno" maltrataba, él le llamaba "Pajarito", el "Capitán" le echaba la culpa frente a todos que ellos estuvieran allí. El domingo 14 de noviembre trajeron a un soldado conscripto a nuestra habitación, lo esposaron a mi gancho, estaba vestido con su uniforme de salida, sobretodo militar y guantes, tenía como 1,80 mts. de estatura, pelo oscuro, de complexión fuerte, pasó la noche en el "Centro", luego lo vinieron a buscar, ya no regresó.
En ese "Centro" podía haber habido mucha gente secuestrada simultáneamente, entre otras razones que yo recuerde, son por ejemplo los números 40 y 47 pintados de color negro arriba de dos respectivos ganchos donde dos detenidos estaban esposados, el número 47 estaba al frente mío. Todos los secuestrados se encontraban "tabicados" (el tabique era una especie de antifaz o venda, en mi caso el antifaz que me colocaron tenía en cada ojo una especie de bolita de felpa que lo apretaba, se sujetaba con un elástico, lo que producía gran irritación de la piel y párpados en toda la cavidad ocular), arriba de este antifaz o venda le colocaban a los prisioneros una capucha de lona doble, color azul marino que caía sobre los hombros. En el lugar donde estuve esposado a la pared, debíamos estar callados, acostados y obviamente sin "destabicarnos", era un cuarto amplio, con un techo alto de 3,30 mts. aproximádamente, tenía una banderola con tres unidades de vidrio que daban a la calle y arriba de esta banderola todavía había unos 40 cmts. de pared hasta el techo; por allí nos llegaban ruidos de un tráfico pesado, pasaban aparentemente por ese lugar muchos camiones, se escuchaba el chiflar constante de los frenos de aire de camiones pesados, el ruido de los golpes metálicos de los arneses de los camiones y sus acoplados. Por el ruido y por como vibraban los vehículos, la calle que pasaba frente a la edificación en la que estabamos era seguramente de adoquines. Siempre pensé que probablemente nos encontráramos encerrados en un edificio que estaba en una esquina, por los golpes característicos que producen los vehículos cuando cruzan las cunetas de otras calles.
En el "Centro" estuve esposado a la pared todo el tiempo, sólo fui sacado para ser interrogado y torturado una vez, otras dos veces salí del encierro del cuarto junto a otros para ir al baño, y el día domingo 14 de noviembre fuimos sacados todos al patio para que se higienizase la habitación donde estábamos. Allí no se servía comida, sólo se daba agua de vez en cuando y nunca a todos los que la solicitaban al mismo tiempo; alguna vez al día entraba algunos de los guardias y preguntaba: "¿quién quiere agua?". Levantaban la mano casi todos y solamente a algunos les servían. En mi caso, sólo recibí agua en dos oportunidades, una vez leche y otra, una rodaja de pan. El agua como la leche, la servían en un vaso de plástico pequeño. El domingo 14 al mediodía, el "Capitán" que hacía el papel de "bueno" nos sacó al patio, que tenía unas plantitas o arbustitos. Fuimos sacados tabicados y encapuchados, aunque en esa ocación a una de las detenidas, la cual según decían "era la más antigua" ya que estaba detenida en el Centro desde hacía más de un mes, el "Capitán" le sacó la capucha y el tabique para que baldeara y limpiara la habitación, por cuanto éste comentó que era una porquería cómo estaba (se refería a que había sangre y orina en el piso). A esta detenida el "Capitán" siempre la llamaba "Negrita" y le daba un trato preferencial, luego de ese día la "Negrita" tuvo autorización para estar sentada, le quitaron la capucha, conservando sólo una venda o nada cuando estaba de guardia el "Capitán que hacía de bueno". Ella tenía aproximadamente 1,50 mts. de estatura, era retacona y casi gordita de cuerpo, tenía el pelo negro, ondulado, abundante, le caía debajo de sus hombros, allí la conocían casi todos los que estaban, parecía haber tenido alguna responsabilidad de tipo política sobre algunos de ellos. Ese domingo, la disciplina se relajó un poco, a todos los detenidos que estábamos parados y en doble fila en el patio, nos dieron un choripán y pusieron música de Zitarrosa, mientras eso sucedía el "Capitán que hacía de bueno" junto con los otros guardias, estuvieron bastantes verborrágicos, como si esa tarde hubieran bebido alcohol. Las paredes del lugar donde me hallaba esposado eran de color claro, comunes, podrían haber sido blancas o cremitas, muy altas y la habitación tenía en uno de sus costados a todo lo largo, la banderola de vidrio, el piso de la habitación era de viejas baldosas rojas. En la pared en que estaba la banderola no había ganchos, en las otras paredes sí había ganchos, todos numerados. Había más habitaciones con prisioneros, esto lo deduzco pues el día que me liberan, unas dos o tres horas antes, traen otro número de personas casi igual al que había permanecido en esa habitación, y los esposan en los mismos ganchos donde estábamos enganchados nosotros.
El baño no estaba muy cerca del lugar donde estaba esposado, para ir allí caminábamos recto varios metros por el pasillo, creo que luego doblábamos hacia la izquierda y a los pocos metros doblábamos hacia la derecha para caminar varios metros más para encontrarse de frente con el. Nos llevaban al baño en fila india tomados del hombro tabicados y vendados. Había tres lavatorios o piletas, dos migitorios y un inodoro.
Por lo menos en dos oportunidades el "Capitán que hacía de bueno" nos preguntó quién era macho que quería hacer gimnasia. Pese a estar mal físicamente en ambas veces levanté la mano, me sacaron del gancho para allí mismo hacer algo de gimnasia, esto le gustaba al "Capitán".
En el lugar donde estuve esposado después de la tortura, la última noche que estuve trajeron a más gente, eran varias personas que al igual que nosotros llevaban días allí, los esposaron en nuestros ganchos de a dos y tres por gancho. Esto lo afirmo porque personal del Centro permaneció largo rato entre nosotros y la disciplina se empezó a aflojar, algunas cosas se conversaban entre los secuestrados, y algunas preguntas se les hicieron a los guardias. Esa noche entre los detenidos empezó el rumor que seríamos trasladados a alguna dependencia militar, un cuartel o algo así, de esta manera, en un momento cuando entró el "Capitán que hacía de bueno", le preguntaron: "Capitán qué va a ser de nosotros" a lo que él respondió: "De aquí vamos a largar a dos, el resto va a ser trasladado", allí se comentó que seguramente "serían llevados a alguna dependencia militar donde les formarían tribunales militares". Durante esas horas, mis últimas horas en ese lugar, ofrecieron leche, agua y cigarrillos. Con la mano levantada, yo pedí todo lo que ofrecieron y cuantas veces lo hicieron, en una oportunidad que estaban ofreciendo agua detenido por detenido, cuando llegan a mí me dicen: "Para vos no, porque te van a largar". En ese momento yo sólo pensé que sería uno de los que matarían esa noche. Al rato, un guardia se acerca a mí y en voz baja me pregunta mi nombre, me esposa, me quita la capucha y me saca fuera de la habitación, al mismo lugar por donde entré, allí junto a mí estaba parada otra persona, un muchacho joven. A este muchacho, que tenía 20 años aproximadamente, delgado, rubio y con nariz grande, y que vivía en Lanús, lo habían sacado antes que a mí y aparentemente había solicitado que le devolvieran sus documentos, cuando me sacan afuera junto a él llega el "Capitán" que "hacía de bueno" y le entrega sus documentos. Ese es el primer momento que pienso que era posible aquéllo de que me iban a largar en libertad. Ante esto, inmediatamente yo les pido los míos, el "Capitán" me pregunta qué tenía, yo le respondo que me habían sacado: "mi D.N.I., mi bastón, los documentos del auto, el reloj, anteojos, todo el dinero que portaba conmigo", éste me pregunta nuevamente mi nombre y llama a alguien y le pide que traiga las cosas que están a mi nombre, el enviado va a una probable oficina que está ubicada a pocos metros por el pasillo a la derecha (creo que esa probable oficina es vecina de la habitación donde estuve esposado), el enviado le grita al "Capitán" que no encuentra nada, el "Capitán" le devuelve el grito diciéndole: "fijáte en el cajoncito blanco", el enviado vuelve a gritar que: "ya busqué ahí y no encuentro nada". El "Capitán" dice: "La puta que son unos inútiles" y va por ellos, al instante regresa y me dice: "No hay nada". Fue entonces que yo le digo que cómo voy a andar de noche y sin documentos, entonces me responde: "Y... si te para la policía deciles qué te pasó y listo". Allí nuevamente tengo la certeza que es todo una parodia y que me van a matar, pero continúo mi tanteo y le respondo que lo que más problemas me crea es no tener dinero, pues yo no tengo familia en Capital y que necesito dinero para viajar a mi casa en Provincia de Bs. As. Entonces me pregunta cuánto dinero necesito, para luego dármelo, mientras me decía: "Te lo doy de mi bolsillo, acordáte de mi". La suma fue de Pesos ley 18.188 cincuenta mil, suficiente para llegar a donde dije que tenía que ir.
Luego traen dos vehículos frente a donde estábamos parados, el primero fue un automóvil Ford Fairlane, color bordeaux. Cuando nos suben al asiento de atrás de ese vehículo con un guardia de cada lado, en el asiento de adelante ya se encontraban dos chicas jóvenes con un guardia sentado contra la puerta delantera derecha, puedo afirmar que esas mujeres jóvenes no estaban en el lugar donde yo había estado esposado. Esperamos unos minutos hasta que el "Capitán" que "hacía de bueno" se sienta en el lugar del conductor y enciende el motor. Nos hacen agachar, al tiempo que el "Capitán" nos dice: "Bueno es la última vez que van a escuchar mi voz..." Frente a esas palabras, todos los prisioneros presentes respondemos con diversos énfasis: "No, no, su voz era un alivio..." Luego el "Capitán" se queda unos instantes callado, cambia de idea y ordena que al muchacho y a mí nos trasladen al Ford Falcon que estaba atrás, y a las jóvenes las dejan en el auto citado anteriormente.
Los vehículos arrancan sus motores y dejan el citado "Centro de Detención y Secuestro", luego de un par de vueltas toman una calle recta, despues hay una curva a la izquierda y pronto otra curva a la derecha, transitamos siempre por calles de adoquines. Frenan y nos bajan, nos sacan los antifaces, diciéndonos: "Si abren los ojos los matamos aquí mismo."
Aquella madrugada quedo en libertad junto a ese muchacho de Lanús, en la Boca y frente al Riachuelo. Fue el día jueves 18 de noviembre a las 03:30 A.M. Estuve casi una semana secuestrado.
Necesaria Aclaración

Muchos años después del regreso a la democracia, gracias al trabajo de numerosas personas que en este país luchan por la VERDAD y JUSTICIA, a los Organismos de Derechos Humanos, particularmente gracias a la Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos y por los relatos de varios sobrevivientes del mismo "Centro de Detención y Secuestro" donde yo estuve, he podido identificar, sin dudas, al mismo como: "El Centro Clandestino de Detención Garage Azopardo".
El garage de Azopardo estaba ubicado en la manzana comprendida por las calles Ingeniero Huergo, Chile, Azopardo y México. Debe su nombre a sus características físicas y a su ubicación geográfica. En este edificio, ubicado en el bajo de San Telmo, perteneciente a la Polícia Federal, funcionaba el Servicio de Mantenimiento de Automotores de la Superintendencia de Seguridad Federal (sobre la calle Ingeniero Huergo). En el primer piso, sobre la calle Azopardo, se encontraba el garage de la Jefatura General donde el grupo de tareas guardaba y acondicionaba sus vehículos. A este garage se entraba desde la calle de Chile por una rampa que permitía el acceso a la primera planta.
También resulta muy importante revelar la identidad del "Capitán que hacía de bueno", a comienzo de la democrácia con la CONADEP y sus identikit, luego por imágenes televisivas, así como por fotos e inumerables denuncias públicas, identifico a tal delincuente, como: Héctor Julio Simón (alias "Turco Julián"), Suboficial de la Policía Federal Argentina.