MARIO VILLANI

Quien suscribe, Mario César Villani, DNI Nº 4.291.983, declara:
Fui secuestrado por un grupo operativo fuertemente armado en la mañana del 18 de Noviembre de 1977, en la esquina de Jujuy y Garay. Desde esa fecha hasta el 28 de Diciembre de 1977 fui internado en el campo llamado Club Atlético; luego, hasta Agosto de 1978, estuve en El Banco; desde Agosto de 1978 hasta fines de Enero de 1979 estuve detenido en El Olimpo. Estos campos de concentración estaban localizados en construcciones controladas por el Ejército, la Policía Federal y el Servicio Penitenciario y dependían del 1er Cuerpo de Ejército. Desde Enero de 1979 hasta Marzo de 1979 estuve, junto a otros diez desaparecidos, en la División Cuatrerismo de Quilmes (ex pozo Malvinas), de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, bajo el control de un grupo que -en rebeldía- había vaciado el Olimpo con desconocimiento del 1er Cuerpo. En Marzo de 1979, el 1er Cuerpo nos descubre y somos secuestrados nuevamente (¡estando secuestrados!) y llevados a la ESMA. Desde Marzo de 1979 hasta Agosto de 1981, estuve detenido en la ESMA. Resumiendo, esta larga odisea abarcó cinco campos de detención a lo largo de tres años y ocho meses.
Fui dejado en libertad vigilada a desde de agosto de 1981, bajo las condiciones de un programa especial denominado de "recuperación", que se había comenzado a implementar en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), a partir de la gestión del ex Almirante Massera.
Seguí recibiendo llamadas de control incluso durante los primeros días de reinstauración de la democracia, hasta mediados de 1984. En el año 1985 recibió mi padre una llamada más, amenazante, el día anterior a aquel en que estaba citado para dar testimonio en el juicio contra las Juntas.
Como sobreviviente, presté testimonio en distintos juzgados de Capital Federal, donde se tramitaban causas por desaparecidos que yo había visto en los distintos campos, en el juicio contra las Juntas del "Proceso" (causa 13) llevado a cabo por la Cámara Federal de la Capital Federal durante el año 1985, ante el Juez Baltasar Garzón en el Juzgado Central de Instrucción Nº 5 de Madrid y ante la 2ª Corte de Apelaciones de Roma que condenó en ausencia a los Generales Suárez Mason y Riveros, entre otros.
Debo decir que, desde el momento en que alguien era secuestrado por los grupos de tareas de la dictadura, él o ella era un desaparecido. La secuencia establecida era desaparición-tortura-muerte. La mayoría de los desaparecidos transcurríamos día y noche encapuchados, esposados, engrillados y con los ojos vendados, en una celda llamada "tubo" por lo estrecha. A algunos se nos asignaban tareas y, frecuentemente, cuando terminaba nuestro turno, éramos devueltos al tubo, nuevamente encapuchados, esposados, engrillados y con los ojos vendados. Podíamos también volver a ser torturados en el "quirófano" y, finalmente, como todos los demás, ser "trasladados", eufemismo que encubría el verdadero destino, el asesinato. A algunos pocos, por oscuras razones que sólo los represores conocían, se nos dejó con vida.
No estaba permitida la comunicación entre los prisioneros alojados en los tubos y nadie podía utilizar su propio nombre. A cada uno se le había asignado un código y se nos nombraba por él o por un apodo o "nombre de guerra" (en mi caso X96, "Tito"). En los cinco campos donde estuve, tuve ocasión de conocer a una gran cantidad de desaparecidos pero, por las circunstancias que acabo de describir, en la mayoría de los casos, en aquel entonces, sólo los conocía por apodos.
También a los torturadores y guardias sólo los conocíamos por sus nombres de guerra. En unos pocos casos, por circunstancias fortuitas, conocíamos los nombres reales dentro de los campos; pero la mayoría de los que hoy integran las listas que acompañan los testimonios de los sobrevivientes, fueron determinados por investigaciones posteriores a nuestra liberación, en un laborioso trabajo de conjunto.
Adjunto al presente testimonio los listados que he logrado reconstruir, tanto de prisioneros (175 casos) como de represores (132 casos) que conocí en los distintos campos en los que estuve.
A continuación, quiero referirme a un tema particularmente sensible. Los casos de embarazadas y de niños secuestrados con sus madres.
Las embarazadas eran atendidas en la enfermería, hasta poco antes del parto. Cuando éste era inminente, se las sacaba del campo para llevarlas a parir a otro lado -decían ellos que al Hospital Militar o la ESMA-. No las volvíamos a ver.
Como ejemplo, en el "Olimpo", recuerdo el caso de Lucía Tartaglia, una secuestrada a quien apodábamos Anteojito. Ella integraba el llamado "Consejo" y había formado pareja, conviviendo en la misma celda, con otro miembro de dicho "Consejo" apodado Cristoni -cuyo nombre real es Horacio Guillermo Cid de la Paz, hoy liberado-, ambos provenían del campo llamado "El Banco". Como resultado de ésta relación, Lucía quedó embarazada. Cuando el embarazo llegó a término, fue retirada del campo, se nos dijo que a parir al Hospital Militar. Poco después el Mayor Minicucci, jefe del campo, vino diciendo que traía saludo